¿Cuándo llegan las vacaciones?
Va terminando noviembre,y a los que subsistimos en Buenos Aires una interrogación dramática nos corroelas neuronas: ¿cuándo llegan las vacaciones? Y el lapso para que cedantantas presiones de trabajos, exámenes, finales de proyectos, pareceextenderse solo, y nos asemejamos a un preso marcando con uñas en lapared los días que faltan para la libertad. Enero es el nombre deldestino que nos pulsa, mientras el cansancio nos provoca fiebre hedonística.
Los diarios comienzan aestimularnos con publicidades turísticas, y ensayamos unasonrisa beatífica ante esas fotos donde siempre aparecen rubios surfeando felicesarriba de un tsunami, o minas cabalgando en camposdesérticos, o flacos esquiando en la punta del Everest, cuando enrealidad nos da vértigo hasta subirnos a una silla para cambiar una lamparitadel plafón.
Acto seguido sobrevienenlas preguntas inevitables:
¿Dónde vamos? ¿Quéharemos? El problema que ocasiona lo tan ansiado, es que después cualquierinconveniente nos pincha el globo y nos deja más frustrados que niño al que sele voló el cucurucho. Veamos:
Los coterráneos de mucha “mosca”pueden planear irse a lugares exóticos, paisitos lejanos, comarcasinhóspitas. Pero ahí comienza la corrida y colas para renovar pasaporte,aplicarse cincuenta vacunas para pestes diversas, poner alarmas y un GPS en elequipaje (además de hacerlo bendecir por un cura, a fin de protegerlo a todacosta) y averiguar si han anunciado terremotos o tifones para esa fecha en elterruño a abordar. Claro que hay algo que nunca se puede prever y pasa: porejemplo, que en esa patriecita a la viuda de algún coronel retirado se leocurra encabezar un golpe de Estado y cierren las fronteras justo cuando elnoble turista acaba de clavar la sombrilla. ¿Consejo sano? Averiguar si elconsultado argentino tiene al menos una piletita de lona disponible.
También está la gentecomo yo, que va a Mar del Plata, Gesell o Carlos Paz. Mi obra socialcita en la cartilla hoteles famosos de cinco estrellas, pero cuando uno llega ydice “vengo por el sindicato”, te mandan al cuartito de lasherramientas, o casi, y hay que llevarse uno mismo las toallas debajo del brazoy el dibujito de una ventana. Además nos acucia otro escenario: la naciónentera se va de vacaciones a las mismas localidades en idéntico momento, o seaque se trasladan como paquete consabido las aglomeraciones, bocinazos, smogy tensiones del resto del año.
Finalmente quedan los quepermanecen aquí, privilegiados habitantes de una ciudad desierta en la que todoles pertenece por sesenta días, y por momentos quisieran imitar la idea de Bushhacia México, y construir una muralla para que los que se fueron no puedanvolver a entrar. Pero eso es imposible, otra vez vendrá marzo, el caos, yde nuevo, millones de porteños nos veremos impulsados por la misma pregunta porotros nueve meses: ¿cuándo llegan las vacaciones?